LA PORTUGUESIZACIÓN DE LAS CARRETERAS EXTREMEÑASVa para doce años que fui por primera vez a Lisboa con mi coche. En aquel tiempo era un conductor bastante inexperto, y para mí fue un shock la forma de conducir de los portugueses: elevada velocidad, adelantamientos apurados, no respeto de la distancia de seguridad... En esa ocasión y en sucesivas representaba un alivio el volver a este lado de la frontera, pues en comparación aquí se conducía de forma mucho más tranquila y respetuosa. Quién me iba a decir entonces que lo que estaba viendo en los vecinos no era sino el espejo de nuestro propio futuro; y sin embargo así ha sido. No sé si debido al exponencial aumento del parque automovilístico, a la mayor cantidad de desplazamientos o al incremento de la potencia y sensación de seguridad en los turismos: el caso es que en algunos viajes, y pese al coche nuevo y casi doscientos mil kilómetros a mis espaldas, siento que vuelvo a ser aquel conductor inseguro que se enfrentó por primera vez a las hordas portuguesas. Uno de estos entretenidos trayectos tuvo lugar el otro día entre Cáceres y Badajoz. A poco que me descuidaba tenía un vehículo tan pegado a mí que casi le veía los empastes al conductor. Intento despegármelo y acelero: ciento diez, ciento veinte, ciento treinta... Al final me adelanta: ciento cincuenta por hora en una carretera secundaria de dudoso firme. Enseguida llega otro, y otro, y se repite la tensión. Y la operación. Que nadie me argumente, por favor, que si había buenas rectas y visibilidad, pues esto que narro ocurría en los vericuetos de la Sierra de San Pedro, donde además es moneda común encontrarse coches adelantando en continua, tanto en un sentido como en otro. He meditado profundamente sobre el tema y creo que la única conclusión válida es que los conductores de los que hablo viven en otro mundo, un mundo en el que: a) La gasolina es gratis, no existe el efecto invernadero y los coches gastan lo mismo yendo deprisa que despacio. b) No hay muertes por accidentes de tráfico, y en todo caso quienes se matan siempre son los otros. c) Tampoco existen leyes de tráfico, ni límites de velocidad, y d) Este mundo que yo no veo debe de ser el futuro, pues ocupan el carril izquierdo y circulan a velocidades de autovía en sitios donde estas infraestructuras son aún un sueño.
Juan María Hoyas
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